En "Relatos sobre la falta de sustancia", el escritor convierte este concepto -entendido en su acepción ontológica como esencia o naturaleza de algo o alguien- en la idea unificadora de todas las historias. Un concepto que complementa con otros derivados del mismo cuando propone la ilusión y las vivencias como elementos de sustancialización, o lo retuerce en su aspecto negativo al destacar lo insustancial de algunas vidas, hasta llegar en este juego a excesos como poner de relieve la pirueta teológica de la transustanciación.